Los hombres de ciencia no siempre son tan científicos como uno supone. Los recientes casos bien documentados de fraude científico comprueban que ellos son tan susceptibles a las delicias del bienestar, el poder y la fama tanto como los son los políticos, el grupo de figuras que tiene la taza más baja de confianza pública. Así lo comprueban los casos como el que incluye resultados falsos en el desarrollo de una vacuna contra el VIH.

Estos tremendos deslices prueban que los científicos no siempre basan su trabajo en la experimentación rigurosa, la recolección de datos duros, el análisis y la comprobación de hipótesis. De hecho, es común que tengan amplias diferencia entre sí, lo mismo como individuos que como representantes de escuelas rivales de pensamiento.

When Science Gets Ugly – The Story Of Philipp Lenard And Albert Einstein

Phillipp Lenard en 1900. Wikimedia Commons

En determinados momentos, el tipo de personalidades, los prejuicios y los celos sin fundamento, entran en la ecuación. Consideremos por ejemplo la disputa entre dos de los más grandes físicos del siglo XX; Philipp Lenard y Albert Einstein, la cual pone en evidencia el poder de las preocupaciones no científicas que influyen en los hombres de ciencia.

Philipp Lenard (1862-1947) fue un afamado científico experimental alemán que hizo grandes avances en el estudio de los tubos de rayos X, el efecto fotoeléctrico y la teoría atómica. Lenard recibió el Premio Nobel de Física en 1905 por su trabajo relacionado con los rayos catódicos.

Albert Einstein (1879-1955), fue un físico teórico que desarrolló una serie de teorías sobre relatividad especial, relatividad general, equivalencia de masa (E = mc2) y efecto fotoeléctrico (apoyado en los resultados experimentales obtenidos por Lenard). Einstein hizo muchas de sus mayores contribuciones sin trabajar en un laboratorio dentro de una prestigiosa universidad como lo hizo Lenard, sino desempeñándose como un modesto encargado de patentes. Einstein ganó el Premio Nobel de Física en 1921 por su descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico.

When Science Gets Ugly – The Story Of Philipp Lenard And Albert Einstein

Albert Einstein en 1921. Ferdinand Schmutzer vía Wikimedia Commons

Inicialmente, la relación entre Lenard y Einstein parecía ser cordial y de hecho sugería que cada uno profesaba una gran admiración por el otro, pero tal y como se detalla en el libro, The Man Who Stalked Einstein, todo se deterioró muy pronto.

Así, unos años más tarde, Einstein expresó en una carta a un amigo que “las teorías (de Lenard) son casi infantiles y algunas de sus investigaciones rayan en lo ridículo”.

Lenard por su parte, envuelto en la ola del nacionalismo que acompañó al periodo de la primera guerra mundial, pronto se convenció de la existencia de una marcada distinción de la física alemana, la cual debía ser defendida “del plagiarismo y el trabajo fabricado” de otros países. Lenard además se involucró cada vez más y más en el antisemitismo, acusando a “prensa judía” de promover el “peligroso” trabajo de Einstein. Este fue un malicioso ataque que para nada ocultó su antipatía hacia los judíos.

Para cuando terminó la segunda guerra mundial, el prominente rol nazi que Lenard desempeñaba en Alemania, lo llevó a ser arrestado y confinado a la soledad de una villa germana en la que murió a los 83 años de edad.

Esta historia nos recuerda que incluso lo científicos del más alto calibre, en ocasiones piensan, hablan y actúan de maneras para nada objetivas, influidos por prejuicios  sin fundamento. Después de todo, son seres humanos.

Este artículo fue originalmente publicado en The Conversation. Lee aquí el artículo original.

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