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Parece que cultivar cerebros miniatura dentro del laboratorio no es ya un reto para los neurocientíficos, ya que un grupo de investigadores en esta rama, ha construido una neurona artificial que funciona como si fuera natural. Sorprendentemente, esta “falsa célula cerebral” se las arregla para realizar las funciones fundamentales de transmisión de señal de las neuronas reales y además, puede comunicarse con células humanas auténticas, todo, en total ausencia de órganos vivos.

Pero hay mucho más detrás de esta idea, lo cual comprueba que ya todo es posible. El equipo de investigación estima que en el futuro, puede que sea posible utilizar estos “dispositivos” en pacientes reales con el fin de reemplazar nervios dañados, por ejemplo, en el caso de una enfermedad o herida grave. Estas células también pueden tener un lugar importante en la industria de las prótesis, ya que los cirujanos podrían usarlas como enlace entre el tejido vivo y un miembro artificial, permitiendo que así, que los pacientes gocen de gran control y de total libertad de movimiento. Puedes ver más información sobre esta fascinante invención en Biosensors and Bioelectronics.

Las neuronas o nervios, son células especializadas cuyo papel consiste en procesar y transmitir información a otras células. Con el fin de comunicarse, estas células liberan señales químicas que se conocen como neurotransmisores, a lo largo de una pequeñísima brecha intercelular llamada sinapsis. Dichos químicos son recogidos por la célula inmediata y luego convertidos en una señal eléctrica denominada potencial de acción, la cual se propaga a través del axón de la neurona. Cuando alcanza el otro extremo, la señal eléctrica es nuevamente convertida en una señal química que es liberada a través de la sinapsis, ya lista para desencadenar todo el proceso una vez más.

Para imitar este modelo, los científicos del Karolinska Institutet de Suecia utilizaron polímeros para crear moléculas súper conductivas y además conectaron biosensores basados en enzimas a bioeléctronicos orgánicos. Inducidos por los investigadores, Los sensores capturan los cambios químicos en su ambiente circundante, los cuales son luego convertidos en una señal eléctrica por medio de una bomba electrónica que controla el flujo de iones con carga de una manera muy similar a la forma en que lo hacen los canales que existen a lo largo de las membranas neuronales. Finalmente, la señal eléctrica es convertida una vez más en una señal química que libera un neurotransmisor en una caja de Petri dentro de la cual, puede ya interactuar con células humanas.

Con un desarrollo más profundo y por medio de la miniaturización del modelo, los investigadores creen que estas células artificiales podrían tener un sitio fuera del laboratorio, posiblemente, dentro del cuerpo humano.

“Prevemos que en futuro, luego de añadir el concepto de la comunicación inalámbrica, el biosensor pudiera ser implantado en alguna parte del cuerpo humano para que se encargue de activar la liberación de neurotransmisores a distintas ubicaciones”, explica la investigadora líder del equipo, Agneta Richter-Dahlfors en una de sus declaraciones.

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